|
Henry Dunant
Henry Dunant nació en Ginebra el 8 de mayo de 1828,
hijo de Jean Jaques Dunant, Negociante y Juez en la Cámara
Tutelar; y de Ann-Antoinette Colladón, quienes tenían
un amplio sentido de humanitarismo, desde sus primeros años
muestra un vivo interés por los desgraciados, los menesterosos,
los humildes, los oprimidos. Desde los 18 años (Dunant) dedica
su tiempo libre a visitar a los indigentes, a los enfermos, a los
moribundos llevándoles socorros y consuelo. A los 20 años,
pasa sus tardes de domingo visitando a los condenados en la prisión
de Ginebra.
A su salida del colegio, Dunant sigue un cursillo bancario. Pero
a partir de 1849, forma parte del grupo juvenil de la Iglesia Libre
y funda en 1855, con sus amigos en París para la Exposición
Universal, la Alianza Universal de las Uniones Cristianas de Jóvenes,
más conocida con el nombre de YMCA.
Luego de haberse preparado para la carrera de banquero, fué
empleado por una firma Ginebrina para trabajar en Argelia. Como
un intrépido hombre de negocios, emprendió ideas de
proyectos importantes. Por otra parte, sin embargo, nunca olvidó
sus preocupaciones humanitarias, como lo demuestran sus escritos
sobre esclavitud. En 1858 funda La Sociedad Anónima de los
Molinos de Mons-Djémila, pero rápidamente se encontró
con una viva oposición. Dunant fijó sus metas muy
altas y considerando un acercamiento de él con Napoleón
III, para presentarle sus planes sobre agricultura en Argelia, se
dirigió a Lombardia donde el Emperador Francés se
encontraba en guerra con Austria. Llegó a Solferino en Junio
24 de 1859, justo después de haber tenido una de las más
sangrientas batallas que se recuerdan después de Waterloo.
Al anochecer entra a Castiglione, es allí donde encuentra
amontonados a los heridos, aterrado Dunant recorre la ciudad, sube
el camino hacia la iglesia principal, la Chiesa Maggiore, en donde
se encuentra con aproximadamente 9000 heridos. Consiguió
hacerse ayudar por algunas mujeres del lugar, al principio dudaban
en atender a los militares franceses, temiendo el regreso triunfante
de los austríacos, Dunant las persuadió de que el
sufrimiento es el mismo para todos. Pronto ellas repiten con el:
"Tutti Fratelli".
Nunca vió al emperador; lo que el vió fue la tragedia
de hombres heridos abandonados a su suerte y la necesidad de ayudarlos.
De regreso en París pasan 2 años luchando contra la
inercia de las administraciones, y contra los recuerdos de lo vivido
en Castiglione. Regresa a Ginebra y se encierra en su habitación
en donde decide escribir una obra que narre sus amargas experiencias,
la cual aparece editada el 8 de Noviembre de 1862, titulada "UN
RECUERDO DE SOLFERINO" libro que generaría el Movimiento
de Cruz Roja y en el que apuntó la necesidad de crear en
cada país una sociedad de auxilio que sirviera para apoyar
los servicios médicos militares, así como la adopción
de un acuerdo internacional que autorizara la intervención
de dichas sociedades.
Estas propuestas fueron puestas en practica en febrero de 1863
por cinco miembros designados para ello por la Sociedad Ginebrina
de Utilidad Publica: Moynier, Dufour, Appia, Maunoir, y el mismo
Dunant. Tomando la forma de Comité Internacional de Socorro
a los Heridos Militares, (ahora C.I.C.R.) este Comité considera
conveniente celebrar una Conferencia Internacional que se realizaría
en Ginebra en 1863 con el objetivo de fundar comités nacionales
de socorro. Para adelantar en los trabajos, Dunant se dirigió
hacia las principales capitales de Europa para realizar negociaciones
que despertaran el interés de los soberanos.
Convencido de que un acuerdo internacional era esencial para hacer
cualquier mejoramiento en las condiciones de los heridos, giró
una circular desde Berlín el 15 de septiembre de 1863, como
invitación a una conferencia internacional en Octubre del
mismo año en la que proponía la neutralización
de los servicios médicos. En esa misma conferencia el 29
de Octubre de 1863 nace la Cruz Roja.
Dos meses mas tarde, Dunant y Moynier se ponen a trabajar en el
tratado que sería firmado por representantes debidamente
habilitados y harían ver a los servicios de sanidad como
neutrales, Moynier redactaría el texto y Dunant haría
la labor que hoy denominaríamos relaciones públicas,
abierta el 8 de Agosto de 1864 la conferencia en que fue presentado
dicho texto, termina con la firma del Convenio de Ginebra del 22
de agosto de 1864 para el mejoramiento de la suerte de los militares
heridos en los ejércitos en campaña.
Más que un hombre práctico, un hombre de teoría,
Dunant adelanto el final de su participación dentro de Cruz
Roja renunciando al comité en 1864, dicha dimisión
no fue aceptada por Moynier.
Desafortunadamente, la Sociedad Anónima de Molinos de Mons-Djémila
y el banco Le Crédit Genevois de los cuales Dunant era Administrador
quebraron ya que en los cuatro años dedicados por Dunant
a la salvación de los heridos de guerra su situación
no había mejorado. Era la ruina total y repentina. Dunant
conoció la noticia en París. Jamas volverá
a su Ciudad Natal. El 25 de agosto de 1867 presenta una carta al
Comité Internacional presentando su dimisión como
secretario del mismo, siendo aceptada no nada mas como secretario,
sino también como miembro del mismo Comité.
Se autoexilia en París donde, aparte de una breve estancia
en Inglaterra, Italia y Alemania vivió por 25 años
alimentando vagamente proyectos, los cuales fueron mucho tiempo
después punto de referencia para otras ideas (p.e. Biblioteca
Internacional Universal del Orden y la Civilización). Su
entusiasmo por las ideas humanitarias nunca disminuyó. Fue
el primero que promovió la extensión para la víctimas
de la guerra en el mar, y posteriormente a los prisioneros de guerra,
la misma protección como la que se garantizaba para los heridos
en campaña desde 1864. La guerra franco-prusiana de 1870-71
le dió otra oportunidad para servir en la Cruz Roja; en el
sitiado París, trabajó por el respeto de la Convención
de Ginebra así como por el respeto a la vida y la dignidad
humana.
En Julio de 1887 con 59 años de edad llega a la ciudad de
Heiden, Suiza y se hospeda en el Hotel Paraíso, su salud
es muy delicada; debido a las excesivas y prolongadas privaciones,
en su mano derecha existe un eczema, el cual le causa dolores que
le impiden escribir, tiempo después encuentra refugio en
el hospital del lugar ocupando la habitación 12 y gracias
a la asistencia del Doctor Hermann Atherr, logra de nuevo escribir,
empleó el tiempo escribiendo sus memorias y defendiendo muchas
causas humanitarias. En 1895, un periodista de San Gall de nombre
Georg Baumberger se entera de que Henry Dunant, el fundador de Cruz
Roja, vive aún. Ante aquel reportero tan lleno de curiosidad,
duda en confiarse, después, como si el peso de los recuerdos
lo venciesen, se abandona y hace el relato de la existencia más
singular, mas zarandeada, que nunca hubo.
El artículo de Georg Baumberger causó sensación;
en unos días dió la vuelta a Europa. Repentinamente
el promotor de Cruz Roja adquirió la categoría de
que desafortunadamente había sido privado, y unos meses mas
tarde, el 8 mayo de 1896 con motivo del LXVIII aniversario de la
noche a la mañana Dunant volvió a ser famoso, llegan,
del mundo entero, mensajes emocionados y admirativos a Dunant. Indiferente
a la gloria, cerró su puerta a los visitantes ilustres y
se abalanzo con el entusiasmo de antaño en el combate a favor
del arbitraje internacional, del desarme y de la paz.
Europa vibra otra vez por estos llamamientos y el parlamento noruego
le concede en 1901 junto con su antiguo compañero de lucha
pacifista Fréderic Passy el Primer Premio Nobel de la Paz.
Dunant lega toda su fortuna a obras filantrópicas en Suiza
y en Noruega; y muere en Heiden el 30 de Octubre de 1910.
Recopilación: Sergio Montaño
|